ESTAMPA CAUDETANA.
LA CASTAÑUELA.
Los chicos de la biología la han bautizado con el nombre de Pallenis spinosa (sinónimo: Asteriscus spinosus).
Quizá lo hicieron llevados por cómo terminan sus hojas en una afilada punta, a modo de pincho o espina, que nos pone en guardia para el caso de que deseáramos acercarnos a ella con malas intenciones.
Apareció ante mí en la tarde de ayer cuando comenzaba a subir por la avenida de las Jornetas tras haber dejado atrás la avenida de la Libertad.
Allí, al lado izquierdo de la avenida, donde la acera pone fin a un descampado que espera su urbanización, se encontraba.
Es una planta muy ramificada que llama la atención del viandante por el color amarillo puro de sus florecillas, semejantes a pequeñas margaritas.
Ya las ves. Tiene unas brácteas externas largas y puntiagudas que forman una especie de estrella alrededor de la flor. No tienen la labor de llevar a cabo la fotosíntesis, sino la de soldados defensores de la flor.
Sus tallos y hojas, al tacto, son ásperos y pilosos. Quizá los emplea la CASTAÑUELA para defenderse de depredadores y curiosos.
En mi pueblo de Oropesa, allá en el occidente de nuestra autonomía castellano-manchega, te la encuentras en lugares donde, a otras plantas, ni se les ocurre aparecer. Y aquí, en la Real Villa de Caudete, ocurre otro tanto.
Es una planta muy frecuente en terrenos secos, baldíos, cunetas y zonas mediterráneas, aunque en mi pueblo el mar al que se asoma es al de los quercus —encinas— que se extiende hasta otro mar, el Atlántico, que baña las costas portuguesas.
Sus flores son guapas de verdad, hasta decir basta; pero tiene vida corta: solo un año o, a lo sumo, con suerte, dos.
Le gusta el sol a mansalva, por lo que, en España, se la ve por muchos lugares, y no solo en mi pueblo y en Caudete.
Ella, es decir, su foto, te va a llevar hoy mi saludo. De esta manera ni yo me pinché al hacer la fotografía ni tú te vas a pinchar cuando te lleve mi saludo.
La CASTAÑUELA nos habla de la vida del ser humano. Es bella, es preciosa, pero tiene sus espinitas. Y, claro, hay que vivirla con sumo cuidado para que la belleza no se nos caiga de la corola, de la flor.
Y, además, nos habla de que la vida, aquí abajo, no es para siempre; es efímera. Ya nos lo recuerda el Libro de los Salmos cuando nos apercibe (Salmo 102, 15-18) de que nuestra vida es flor de un día,:
"Por la mañana aparece y por la tarde fenece".
O aquella otra cita que viene a decirnos lo mismo: que la vida es cortita si la comparamos con la eternidad de Dios:
«Los días de nuestra vida son setenta años; y, en los más robustos, ochenta.»
«Mil años en tu presencia son como un ayer que pasó o como una vigilia de la noche.»
«Mil años en tu presencia son como un día.»
(Salmo 89).
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
16.6.2026. Martes. (C. 2.582).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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