ESTAMPA CAUDETANA.
LAS ADELFAS.
Ya me serví el año pasado de LAS ADELFAS, - Nerium Oleander las llaman los botánicos - del Paseo Luis Golf para hacerte llegar mi saludo mañanero. Hoy vuelvo a hacerlo. Están tan guapas!
Todos los días me dice algo al pasar junto a ellas. Lo han hecho por la mañanita temprano cuando iba camino del monasterio de las Madres Carmelitas de Clausura. Y lo hace todos los días por la tarde cuando salgo a dar un paseo hasta la glorieta de la Cruz, cosa que acontece, por ende, esta semana, porque para ir a cumplir con mi encomienda en Santa Catalina lo hago pasando por la glorieta de la Cruz, Avenida de La Libertad y avenida Jornetas arriba y, así, mi paseo tardero es más largo.
Nada más entrar en la calle dedicada al P. Elías Requena, ante mí, aparecen LAS ADELFAS.
A las seis y pico de la tarde, cuando el sol comienza a rebajar sus humos y deja de castigar con tanto empeño a todo el mundo y a toda la foresta, allí estaban ellas, LAS ADELFAS, formando un muro vegetal entre el Paseo Luis Golf y la piscina climatizada.
Todas ellas, exuberantes, luciendo sin complejos sus racimos de flores blancas, como si el calor más severo fuera para ellas una simple caricia.
Mientras otras plantas languidecen cuando arrecian los rigores del verano, esta vecina de caminos y ramblas parece crecerse ante la dificultad. Claro que, con toda seguridad, los operarios de parques y jardines algo de agua sí que las echarán.
No presumen de fragancias exquisitas ni de delicados portes aristocráticos. Lo suyo es otra cosa. Lo suyo es la resistencia.
Lo suyo es mantenerse erguida cuando el terreno escasea de agua y el cielo se muestra avaro de nubes.
Quizá por eso se la encuentra con frecuencia acompañando carreteras, guardando cauces y adornando rincones donde otras especies no se atreverían a establecer su morada.
Éstas que te llevan mi saludo no tienen ese problema. Éstas son cuidadas con mimo por los oficiales de parques y jardines de la Villa. No hay más que verlas. Han llegado a lo que es frecuente en ellas, los seis metros de altura y siguen empeñadas en seguir los pasos de sus vecinos los imponentes olmos Pumila que dan sombra al lugar donde gente provecta "charra" amigablemente y los ñacos juegan a la pelota o al pilla, pilla.
Ya te lo contaba el año pasado, la naturaleza gusta a veces de esconder advertencias detrás de los más bellos semblantes. LA ADELFA, tan vistosa ella, tan blanquita ella, guarda en todas sus partes una toxicidad notable.
Como si quisiera recordarnos que la belleza y el peligro pueden habitar bajo un mismo techo.
Ya nos lo advierte el dicho tan nuestro:
"No es oro todo lo que reluce".
Aun así, cuando la tarde se va despidiendo y sus flores recogen los últimos reflejos del día, resulta difícil no detenerse un instante a contemplarlas. Eso me pasó a mí ayer y siempre que paso junto a ellas. Porque también ellas, a su manera, forma parte de ese paisaje nuestro que, sin hacer ruido, acompaña el discurrir de las jornadas de la Villa Caudetana.
Y allí seguirá mañana, desafiando al sol como quien conoce desde hace siglos el secreto de sobrevivir en tierras mediterráneas.
Eso sí, algo de trabajo dan a los chicos de la limpieza, porque van dejando caer al suelo los pétalos de sus flores, salpicando la acera y el callejón de pinceladas blancas que recuerdan a un vestido de faralaes.
Pero nada les importa porque hasta muy entrado el otoño ellas, erre que erre, seguirán dando flores y alegrando el lugar.
Las ADELFAS del Paseo Luis Golf de esta Villa al perder sus flores y no obstante, seguir floreciendo, me recuerdan a la condición débil del ser humano que, aún en el tropiezo y en la caída está llamado a florecer porque Dios, nunca, nunca, deja de quererlo y de llamarlo al bien vivir como nos recuerdan, entre otros, el profeta Ezequiel (33,11):
"Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta de su conducta y que viva".
O aquella recomendación de Jesús a la mujer sorprendida pecando:
Mujer, ¿Dónde están tus acusadores?... Yo tampoco te condenó, vete y, en adelante, no peques más"(Juan 7,53).
Ellas, LAS ADELFAS del Paseo Luis Golf, te llevan mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
17.6.2026.,Miércoles. (C. 2.583)
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
PD. En la tarde de ayer tuvo lugar el tercero de los eventos dentro de las IV Jornadas de Estudios Locales de Caudete.
El villano Manuel Beltrán Ortuño disertó sobre una ESTAMPA CAUDETANA con mucha raigambre EL ESCARCIL (LA ALCACHOFA) que se trajo en su mochila desde el pueblo valenciano de Silla, un fraile Carmelita del convento de San José (el Carmen) a donde fue, en tiempos muy pretéritos, a predicar, la música de un canto de aquel lugar ofrecido, me dice el P. Ángel, a la Cruz de Cristo y que aquí adoptó, poniéndolo en marcha, al ESCARCIL - a LA ALCACHOFA -.
Ya te hablé en ocasiones pasadas de LA ALCACHOFA o ESCARCIL.
Tiene lugar en la plaza de Nuestra Señora de Él Carmen al terminar la procesión con la Sagrada imagen, delante de Ella.
Consiste en la apertura de una ALCACHOFA donde se encuentra un niño o niña que, tras liberar a una paloma blanca, interpreta un canto precioso dedicado a la Virgen del Carmen.
En el pueblo de Silla y en otros pueblos de la región Valenciana, se cantaba a la Cruz desde un ESCARCIL que era subido sirviéndose de una garrucha.
No asistí a la conferencia. Me hubiera gustado un montón. Pero no pudo ser. Otros asuntos me lo impidieron. Sí que asistió el P. Prior del convento y, todavía párroco del lugar, Luis Torres Pérez.
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