jueves, 18 de junio de 2026

Los capullos reventones.

ESTAMPA CAUDETANA.

LOS CAPULLOS REVENTONES.

Ayer por la tarde subía yo por la avenida de las Jornetas con dirección a la parroquia de Santa Catalina para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa.

Iba con la esperanza de asistir al proceso de nacer de unas hermosas flores, pues el día anterior ya me había dado cuenta de que iban tomando volumen los capullos que las encerraban. 

Ya te hablé de ese cactus el pasado 27 de mayo cuando, en todo lo alto de él, apareció la primera de sus flores como un faro luminoso para alumbrar la noche en el jardín de la vivienda donde crece una familia de cactus columnares, los TRICHOCEREUS MACROGONUS

Ya te hablé de ellos entonces. Hoy quiero trasladarte un momento del parto del mismo cactus columnario. El momento en el que pugna por romper la protección de sus brácteas para lucirse en todo su esplendor.

No sé si mañana, cuando vuelva a pasar por allí se encontrarán ya abiertas y luciendo delicadamente su belleza o, el calor sofocante que nos está imponiendo un sol con galones, las habrá martirizado tanto, tanto que se encuentren ajadas y colgando a la espera de caer a tierra. Porque es sabido que estas flores se abren de par en par cuando el sol va de retirada y se cierran para siempre cuando el sol se sienta en el trono de su cénit al día siguiente.

Ya te contaré porque, como te he dicho antes, no todas las bellezas duran mucho tiempo.

Hay algunas que apenas se asoman unas horas para recordarnos que la hermosura no está en la duración sino en el regalo.

Así son las flores de este cactus. Se preparan despacio durante días y días. Luego, una tarde cualquiera, abren sus pétalos blancos y convierten una planta áspera y espinosa en una fiesta.

Sí, ya te contaré.

Porque durante todo el año pasa desapercibido, - a mí no porque cada 15 días paso a su lado siete días seguidos -. Ahí está, tieso, callado, soportando soles, sequías y ventoleras sin pedir nada a nadie.

Yo lo miro y pienso que bastante tiene con mantenerse en pie.

Pero llega mayo, y con él apretando el calor y, cuando menos lo esperas, comienza a dar avisos de su presencia. 

Ya te lo contaba el pasado 27 de mayo porque, en todo lo alto, nos apercibía. Su primera flor, toda una promesa de las que irán brotando de los muchos capullos grandes que llenan sus costados desde abajo hasta su cumbre.

Desde su quietud en la montañica del jardín, que quisiera parecerse a las cuestas andinas de la Argentina de donde es originario, pareciera que quisiera decirnos que la paciencia tiene premio. Y, ¡vaya si lo tiene! ¡Es una gozada contemplar tales maravillas.

En una tierra como esta nuestra de Caudete, acostumbrada a mirar al cielo esperando la lluvia, siempre produce admiración contemplar cómo algunas criaturas han aprendido a vivir con poco.

Este cactus es una de ellas.

Mientras otras plantas se lamentan del calor, él guarda silenciosamente sus reservas y sigue creciendo hacia arriba, como quien sabe que la vida no consiste en tener mucho, sino en aprovechar bien lo poco que se recibe. Ya nos lo certifica el dicho:

" No es más rico el que mucho tiene, sino el que poco necesita".

Las personas nos parecemos más a las plantas de lo que imaginamos.

Algunas veces enseñamos las espinas para defendernos de los ataques. Otras, cuando llega el momento oportuno, dejamos ver las flores que llevamos dentro.

Sí, ayer, caminando por la avenida de las Jornetas de esta, nuestra Real Villa, me encontré con un cactus enorme cargado de capullos a punto de reventar en flores de blancura impoluta. Y di en pensar que quizá la naturaleza lleva siglos dándonos lecciones que nosotros todavía estamos aprendiendo.

Al asistir al milagro del proceso preparatorio del parto floral mi pensamiento se fue hasta aquella enseñanza de Jesús a sus oyentes preocupados por el día a día:

"¿Por qué os afanáis por lo que vestiréis? Reflexionad acerca de cómo los lirios del campo, crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos" (Mt 6, 28).

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

18.6.2026. Jueves. (C. 2.584).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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