ESTAMPA CAUDETANA
EL ASIENTO DE LA SUEGRA
Así la llamamos para andar por casa: «el asiento de la suegra». Pero los señores de la Botánica jamás emplearían semejante nombre para identificar y llamar a la Parodia magnifica.
Hoy este cactus te lleva mi saludo.
Resulta que ayer, cuando fui a saciar la sed de la Flor de Flamenco, del hibisco amarillo, salió a mi encuentro, con su ápice ligeramente hundido, completamente florido.
Ya lo ves: regordete, recordando a un barrilico. La talla le importa un comino, porque su diámetro alcanza entre 12 y 15 centímetros. Con el paso del tiempo se va levantando hacia arriba, porque le gusta subir y subir; por eso también suele incluirse entre los cactus columnares.
En la base suelen brotarle hijuelos que llegarán a asemejarse a su madre. Este mío solo ha echado uno, pero estoy seguro de que saldrán más, porque, como es tan presumido, acabará formando una familia de varios miembros, bien apretadicos, que lucharán por alcanzar el medio metro de altura.
No sé si podrá conquistar esa altura en el tiesto en el que comparte espacio con una higuera, un pariente, y muchas mamiliarias. Así que tendré que ir pensando en buscarle un lugar más amplio y diáfano, donde pueda medrar sin tener unos compañeros tan molestos. ¡Ya veré!
Es guapo. Está ribeteado por once costillas, todas ellas armadas de espinas en su parte superior, por lo que conviene andarse con cuidado cuando uno trata con los «asientos de la suegra».
Es un viajero empedernido. Es originario de Río Grande do Sul, en Brasil, de donde salió, emulando a Cristóbal Colón, para conocer mundo. Y ha encontrado acomodo en todas partes donde el sol calienta de lo lindo, como en el claustro barroco-toscano del convento de San José (el Carmen).
Y, como si fuera una cupletista andaluza, se pone por montera unas flores de un amarillo puro que da gloria contemplar. De ellas nacerán luego unos frutos, también esféricos, de aproximadamente un centímetro, llenos de diminutas semillas negras como el carbón de encina.
Vamos, que no solo presume, sino que obra y da su fruto; un fruto que beneficia incluso al ciento, haciendo bueno aquel refrán castellano que afirma:
«Nadie trabaja solo para sí mismo, sino para ciento».
Y como aquí ha caído en lugar adecuado, dará el ciento por uno del que nos habla Jesús en su Buena Noticia (Mt 19,29).
También el Génesis (26,12) nos dice:
«Isaac consiguió el ciento por uno».
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
4.7.2026. Sábado. (C. 2.599).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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