ESTAMPA CAUDETANA.
LAS JOYAS DE LA VILLA LUCEN A PLENO SOL.
(Ilustra estas letricas una preciosa criaturita, como representación de todos los ñaquicos de la Villa en este día que viene a constituir algo así como el cartel anunciador de las Fiestas Patronales en honor de la VIRGEN de Gracia, que ya están aquí. Su abuela me dio todos los permisos para publicarla).
Sí, las joyas de la Real Villa de Caudete salieron ayer del joyel para lucir lindas por las calles y plazas de la Villa.
Ayer fue un anticipo de lo que será, así que pase una semana, la fiesta por excelencia de la Villa: la de Moros y Cristianos en honor de la Patrona, la Virgen de Gracia.
Uno de los elementos que más ruido hacen durante las fiestas son los trabucos, disparando salvas a troche y moche por todo el ámbito de la población. Constituyen, además, un elemento imprescindible en el desarrollo de algunos de los actos festivos, como la guerra de guerrillas o la subida en procesión de las Sagradas Imágenes de San Roque, San Blas y de la Virgen María de Gracia.
Y ayer sonaron los trabucos, claro que sí. Solo que los disparos corrieron a cargo de ellos, de las joyas de la Villa, de los niños, que, provistos de trabuquicos de juguete, introducían por el cañón, con la ayuda del familiar correspondiente, una bombita encendida que, al explotar dentro del cañón, expulsaba fuera un humillo acompañado por el ruidico de la explosión.
Se dieron cita los peques de las distintas comparsas en la Plaza Nueva, conocida en el mundillo de la infantilidad como «la plaza de la hormiga», porque en el centro de la zona ajardinada destinada a los juegos infantiles se encuentra el remedo de una gran hormiga.
Y desde allí emprendieron el camino que les conduciría hasta el Paseo Luis Golf, donde tendría lugar el ruedo de banderas.
Precedían a la comitiva chavalines perfectamente ataviados con el hato de la comparsa a la que pertenecían, todos ellos y ellas portando los trabuquicos con los que caminaban y de los que se servían para hacer ruido.
Los seguía la banda de música Amigos de la Virgen de Gracia y, detrás de ella, un montón de padres y abuelos de los nenes que desfilaban.
Con los platos ya dispuestos en las respectivas mesas familiares y tras el ruedo de banderas protagonizado por los abanderados, se disolvió el acto tan festero llevado a cabo por lo más lindo con que cuenta la Villa: sus ñacos.
Y, por la tarde, casi con el último bocado de la comida del mediodía todavía en la boca, fueron afluyendo por distintos lugares las escuadras infantiles de cada comparsa hasta la puerta de la parroquia de Santa Catalina, porque allí se tiene fijada la salida para la gran retreta infantil.
¡Qué preciosidad ver a las criaturas metidas ya de lleno en la fiesta que han mamado desde la cuna!
Son ellos, los ñacos, las auténticas joyas de la Villa, los que garantizan que la tradición festera de Caudete tenga cuerda para rato.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
30.8.2026. Domingo. (C. 2.647).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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