ESTAMPA CAUDETANA
ELAINE ZHANG: DOS ACUARELAS, PARÁBOLAS GRÁFICAS QUE NOS INTERPELAN
Ha habido momentos a lo largo del tiempo que viene durando la exposición de las obras de los acuarelistas australianos en que, en lugar de plantarme delante de uno de sus cuadros, dediqué algún rato a observar. Sólo a observar desde una de las ventanas del claustro alto a aquellos que nos visitan en el convento de San José, el Carmen de esta Real Villa de Caudete para gozar viendo las obras expuestas.
Y he constatado que muchos de los visitantes al llegar a los cuadros de Eliane Zhang les han echado un vistacico y han pasado rápidamente. Otros, por el contrario, les han dedicado un tiempo largo, reposado.
Y es que hay cuadros que nos invitan a contemplar la belleza; otros nos llevan a descubrir la destreza de quien los ha pintado. Y los hay también que, además de todo eso, nos ponen delante de una realidad humana que nos hace pensar porque puede que sean una PARÁBOLA DE NOSOTROS MISMOS y, desde el papel pigmentado, nos interpela.
Y, unos, no están dispuestos a viajar dentro de sí mismos mientras que otros tratan de descubrir y dominar aquello que van experimentando.
Hoy, día de la clausura de la VIII Bienal de la pintura a la Acuarela, quiero hacer hincapié, acercarte a las dos obras de Elaine Zhang, la joven acuarelista australiana que participa en la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela de Caudete, y que ha colgado sus pinturas en las paredes del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen.
Elaine tiene solamente diecinueve años. Estudia actualmente en la Universidad de Sídney dos carreras universitarias:
- Comunicación Audiovisual
- Artes.
Una juventud que ya se atreve a explorar y a hacer aflorar a través de la pintura, las situaciones, las vivencías, los sentimientos del ser humano. Y lo hace, a mí modo de ver, de maravilla por los caminos de la expresión artística.
Las dos obras que hoy saco del claustro para ponerlos delante de ti llevan por título:
Untitled I y
Untitled II.
Traducido al castellano:
Sin título I y
Sin título II.
La autora no nos proporciona una clave que nos permita interpretar de manera inequívoca lo que contemplamos. Nos deja a solas con sus pinturas para que seamos nosotros quienes intentemos descubrir qué se esconde detrás de las imágenes y seamos nosotros los que les pongamos el nombre. Porque, quizá las haya pintado pensando en ti, su observador.
Y vaya si nos hacen pensar.
Quizá por eso muchos de los que pasaron delante de ellos lo hicieron con rapidez. Y es que no deseamos dedicar un momento a mirar a nosotros mismos a través de las obras, a mirar a nuestra interioridad.
En la primera obra, una joven ocupa el centro de la composición, rodeada de rostros que parecen estrecharse a su alrededor. Hay miradas de toda condición, expresiones diversas y una proximidad que nos hace sentir el agobio que padece la protagonista en la escena.
Imagínate a tí mismo cada mañana viajando en el metro camino de tu trabajo, agarrado a la barra que nos da seguridad, rodeado, agobiado en medio de tanta gente.
Pero la muchacha - tú - parece vivir en otro mundo. Sus ojos en blanco, su rostro sereno y su actitud contrastan con el movimiento de quienes la rodean.
¿Qué le sucede? ¿Se encuentra ensimismada, ajena al bullicio exterior? ¿Está buscando refugio en su interior frente a un mundo que la abruma?
No tenemos respuesta. Y quizá no la necesitemos. Pero sí que es menester, si nos identificamos con ella, que la pongamos un título: el acontecer en interior.
La segunda pintura nos presenta otra escena, esta vez contemplada desde arriba. Un grupo de personas rodea a una joven situada en el centro, de pie, con un ojo abierto entre sus manos.
Las personas se disponen en torno a ella, formando una composición circular que dirige nuestra mirada hacia la figura central, hacia la joven.
La perspectiva resulta llamativa. Son espectadores de una escena colectiva, pero no conocen las circunstancias que la han provocado. Eso, sí, son conscientes de que algo está ocurriéndola a ella. Pero no intervienen para echarle una mano. Sólo graban el resultado.
¿Preocupación? ¿Desamparo? ¿Súplica? ¿Desorientación?
Cualquiera de estas preguntas puede asaltar al contemplarla. Pero el observador no sabe cuál de ellas, si alguna, coincide con lo que Elaine Zhang quiso expresar.
Pero lo que sí sabemos es que la imagen invita al observador a detenerse y a mirar.
Y aquí está, a mi entender, uno de los méritos de estas dos acuarelas:
No se limitan a mostrar unas figuras; obligan a preguntarse al observador por él mismoos y por las personas que hay detrás de nosotros en las distintas circunstancias por las que va discurriendo su vida.
Porque puede estar rodeado de gente y sentirse solo. Puede vivir en medio del bullicio y no encontrar quien lo escuche. Y puede también encontrarse ante alguien que necesita ayuda sin advertir siquiera su sufrimiento.
Las personas que rodean a la chica no se preocupan de lo que acontece en ella, de lo que pudiera pasarle para echarla una mano. Sólo les interesa tomar noticias del hecho en sus móviles.
¡Qué paradojas las de nuestra condición humana!
La primera pintura parece encerrarnos en una multitud de rostros; la segunda nos coloca ante un grupo que converge en torno a una sola persona. Dos composiciones distintas que, sin necesidad de establecer entre ellas una relación intencionada, nos permiten reflexionar sobre nuestra manera de estar junto a los demás.
Estar cerca no siempre significa acompañar. Mirar no siempre significa comprender. Y rodear a una persona no equivale necesariamente a estar con ella.
No pretendo descubrir en estas obras de Elaine Zhang un mensaje que la autora nos haya querido transmitir. Me limito a compartir contigo, que lees mi ESTAMPA CAUDETANA lo que al contemplar el ir y venir de los visitantes a la exposición en el claustro del convento de San José, me sugiere.
De cualquier manera el arte tiene esa virtud: el artista pone la obra en el mundo y cada espectador, desde su propia experiencia, encuentra en ella motivos para pensar.
Y Elaine, con sus diecinueve años, nos ofrece dos buenas ocasiones para hacerlo.
Por eso, si todavía no has visitado la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, acércate al convento de San José, el Carmen. Recorre su claustro, contempla las obras expuestas y detente ante las de esta joven australiana.
Todavía hoy tienes tiempo. Mañana ya no será posible.
No tengas prisa por pasar a la siguiente.
Míralas despacio. Deja que te hablen. Y, después, pregúntate qué has descubierto en ellas.
Porque una exposición no se visita solamente con los ojos. También se visita con la sensibilidad, con la inteligencia y con esa disposición interior que nos permite descubrir algo nuevo en aquello que tenemos delante.
Caudete, todavía hoy, abre sus puertas al arte, y el arte nos abre ventanas para mirar de otra manera el mundo y a quienes lo habitan.
Y eso, en estos tiempos en que tantas veces miramos sin ver ya es bastante.
¡Que viva el arte que nos ha venido hablando desde el agua teñida de colores sobre papel en las exposiciones de los pintores invitados a esta VIII Bienal de la pintura a la Acuarela en esta Real Villa de Caudete!
Recibe mi saludo
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
25.10.2026. Domingo. (C. 2.696)
P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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