miércoles, 21 de octubre de 2026

Master Class: Paco "el Rubio", maestro por un día.

ESTAMPA CAUDETANA

MASTER CLASS: PACO «EL RUBIO», MAESTRO POR UN DÍA

Ayer te llevaba mi saludo la imponente personalidad de uno de nuestros acuarelistas caudetanos: el bueno de Paco Hernández, conocido popularmente como «el Rubio».

Te decía de él que era un tipo sencillo y que, precisamente por serlo, era grande. Y me venía a la memoria aquello que afirmara Jesús:

«El más grande en el Reino de los cielos es el que se hace pequeño, el humilde, el que se hace como un niño» (Mt. 18).

Y dejaba luego que se juzgara a un quidam — a cualquiera — a través de sus obras y no, en modo alguno, por su «pico de oro», por su facilidad de palabra (Lc 6,20).

Y tenía toda la razón, porque Él mismo era un ejemplo vivo de lo que predicaba. La prueba estaba en que sus palabras se traducían en hechos concretos, reales, comprobables, aunque humanamente inexplicables: sus milagros.

Era Jesús. Es Jesús.

Pero, con todo lo anterior, no pienses que voy a equiparar a Paco con Jesús. ¡No, no lo creas!

Lo que sí te puedo decir es que Paco «el Rubio» recibió la aprobación más rotunda de un grupo de pintores tolosanos que arribaron a nuestra Real Villa de Caudete con motivo de esta VIII edición de la Bienal de la Pintura a la Acuarela.

Venían estos pintores franceses en una especie de Erasmus artístico, dispuestos a aprender, a compartir experiencias y a perfeccionar su técnica.

Y el profesor encargado de impartirles la correspondiente MASTER CLASS no fue otro que nuestro Paco «el Rubio».

El tema de la clase era bien concreto:

«La aplicación de la técnica húmeda al paisaje».

Una técnica que consiste en jugar con el agua y el color, sin miedo, buscando y aprovechando los efectos que producen las manchas y las corrientes de agua sobre el papel. Dejar que el agua trabaje, que el pigmento se extienda, que los colores se encuentren y que la propia acuarela nos sorprenda.

Porque, a veces, hay que dejar de controlar tanto para que la pintura empiece a hablar por sí misma.

La master class estaba pensada y proyectada con toda intención. Al grupo que le habían asignado a nuestro Paco «el Rubio» le hacía falta, precisamente, perder el miedo a manchar, a utilizar agua en abundancia, a coger pinceles grandes y a lanzarse a pintar sin tantas precauciones.

¡Había que perderle el miedo al agua!

Y Paco se puso manos a la obra.

Los resultados fueron todo un éxito y la satisfacción de los pintores tolosanos, completa.

De ahí vino, primero, el asombro y, después, la gratitud, manifestada en un aplauso generalizado, entusiasta y bien merecido.

Paco, mientras tanto, no encontraba una brocha lo suficientemente grande como para esconderse detrás de ella.

¡Qué cosas tiene la modestia de nuestro hombre!

Y luego vino lo mejor.

Los pintores franceses habían observado con atención al maestro acuarelista caudetano mientras aplicaba con soltura la técnica durante todo el proceso creativo. Habían visto cómo manejaba el agua, cómo dejaba correr el color y cómo aprovechaba los efectos que iban surgiendo sobre el papel.

Y ellos, que no estaban acostumbrados a pintar con tanta agua, se dispusieron después a poner en práctica lo aprendido, utilizando sus propios materiales.

Y vaya si lo hicieron!

Lo que al principio podía parecerles un riesgo se convirtió en una posibilidad; lo que quizá les inspiraba cierto temor terminó siendo una herramienta para descubrir nuevos caminos en su pintura.

Eso es enseñar: no limitarse a mostrar cómo se hace algo, sino conseguir que los demás se atrevan a hacerlo por sí mismos.

Y eso hizo Paco «el Rubio».

Por eso valió la pena el viaje de estos pintores franceses a la VIII Bienal de la Acuarela, a nuestra Ciudad de la Acuarela, a la Real Villa de Caudete.

Y les valió un montón encontrarse con Paco «el Rubio», nuestro acuarelista.

Porque una bienal no es solamente una exposición de obras. Es también un lugar de encuentro, de aprendizaje, de intercambio de experiencias y de descubrimiento de nuevas maneras de entender la pintura.

Y, en esta ocasión, Paco puso su granito de arena —o, mejor dicho, su buena cantidad de agua— para que así fuera.

La obra resultante de aquella master class es la que preside estas letricas.

Y uno, al contemplarla, no puede menos que pensar que detrás de los colores, las manchas y el agua hay algo más que una técnica bien aplicada: hay un maestro que ha sabido transmitir lo que lleva dentro.

¡Enhorabuena, Paco!

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

21.10.2026. Miércoles. (C. 2.692).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

No hay comentarios:

Publicar un comentario