ESTAMPA CAUDETANA
PACO «EL RUBIO»: LA ACUARELA HECHA SOLIDARIDAD
Caudete, ya lo sabemos, es tierra de acuarelistas, cuna de grandes pintores y escuela de sensibilidades artísticas. Y en Paco Hernández, nuestro Paco «el Rubio», tenemos a uno de esos hombres que han sabido encontrar en la pintura una manera de expresar lo que llevan dentro.
Paco es un hombre polifacético. Además de hábil con los pinceles, es psicólogo, ya jubilado; consultor de programas de televisión en Castilla-La Mancha y conferenciante. También es músico: toca el trombón en la Banda de la Asociación Amigos de la Música Santa Cecilia de nuestra Villa.
Y, por si fuera poco, forma parte de un terceto especializado en canciones de época, con las que alegra las noches veraniegas y las fiestas patronales, consiguiendo que el personal, provecto o no tan provecto, se anime a mover el esqueleto al son de aquellas melodías que tantos recuerdos despiertan.
¡Que no todo va a ser pintar!
También hay que darle gusto al oído y alegría al cuerpo.
Pero hoy quiero hablarte de otra de sus facetas: la de acuarelista y, muy especialmente, la de hombre solidario.
DE LA MANO DE UN MAESTRO
Su afición por la acuarela nació de la mano de un maestro, nuestro inolvidable Rafael Requena. Así lo leí en uno de los folletos con los que me obsequió en cierta ocasión, cuando tuvo la gentileza de invitarme a su estudio.
Recuerdo aquella visita. Paco se movía entre sus pinturas y pinceles con la ilusión de un niño, llevando al papel, con soltura y delicadeza, los pinceles empapados de agua y pigmentos. Una blancura que, poco a poco, iba dejando de serlo para convertirse en paisaje, luz y vida.
Aquel encuentro me permitió comprender hasta qué punto el gran Rafael Requena supo transmitir a tantos caudetanos, entre ellos nuestro Paco «el Rubio», el amor por esta técnica pictórica tan apasionante como exigente.
Paco tuvo la suerte de aprender de él y, desde entonces, los pinceles y los colores han venido acompañándole en su caminar artístico.
Es un hombre humilde, pero grande. De esos que no necesitan pregonar sus méritos, porque sus exposiciones, sus reconocimientos y sus premios hablan por él.
Domina el paisaje, y puedo hablar de ello con conocimiento de causa, porque en cierta ocasión tuvo el detalle de regalarme una preciosa acuarela titulada «El nacimiento de las nubes», de la que ya te hablaré algún día.
Pero su inquietud artística no se queda ahí. También ha sabido adentrarse en otros campos, buscando nuevas formas de expresión y demostrando que la acuarela ofrece un mundo de posibilidades a quien sabe mirar.
CUANDO EL ARTE SE HACE SOLIDARIO
Sin embargo, hay algo que quiero resaltar de modo especial en Paco: su disposición a poner el arte, su arte, al servicio de los demás.
Paco es un hombre solidario. Porque le sale de dentro o porque alguien se lo solicita, lo cierto es que parece tener siempre un sí dispuesto para quien necesita su colaboración.
Dona sus obras para apoyar a asociaciones y distintas iniciativas, y no es extraño encontrarlas expuestas en escaparates céntricos de nuestra Villa, anunciando rifas cuya recaudación se destina a fines solidarios.
Para él, pintar no consiste solamente en plasmar la vida sobre el papel. También es una forma de echar una mano, de arrimar el hombro y de contribuir a sacar del atolladero a quienes atraviesan momentos difíciles.
Sus pinceles no solo dibujan paisajes: también pintan esperanza.
Y esta manera de entender la pintura merece que nos detengamos un momento para reconocerla.
HOTEL PLATEA: UNA FACHADA HECHA ACUARELA
Con motivo de la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, hay una jornada especialmente dedicada a los artistas que participan en este encuentro cultural, pintores de Caudete y de otros lugares que, caballete en mano, salen a nuestras calles para captar aquello que les llama la atención de la Real Villa.
Y ahí estuvo nuestro Paco «el Rubio».
Con el papel preparado y los materiales facilitados por la organización de la Bienal, se dispuso a plasmar uno de esos edificios que forman parte del paisaje urbano caudetano y que, por su historia y su renovada presencia, no pasan inadvertidos.
Me refiero al conocido popularmente como el edificio de la Notaría, que, tras su restauración, se ha convertido en un elegante establecimiento hotelero: el Hotel Platea.
Y ese imponente inmueble fue el elegido por nuestro artista para convertirlo en protagonista de su acuarela.
Hago, pues, un alto en mi recorrido por el claustro del convento de San José, el Carmen, y por el museo Rafael Requena, para detenerme ante la obra que Paco realizó el pasado día 11, atendiendo la convocatoria de los organizadores de la VIII Bienal.
Una mañana de agua, pigmentos y pinceles dio como resultado una acuarela que lleva por título:
HOTEL PLATEA».
Y sí, hoy me detengo ante esta nueva obra nacida durante el desarrollo de la Bienal, porque merece que le dediquemos algo más que una mirada apresurada.
La acuarela nos presenta un edificio de fachada luminosa, vestido de amarillos y blancos, con sus ventanas alineadas y sus balcones asomándose a la plaza de Nuestra Señora del Carmen.
Un inmueble que parece querer contarnos algo de la historia de esta Real Villa de Caudete, una historia que continúa escribiéndose mientras sus edificios cambian de uso y se incorporan a la vida de cada día.
Paco ha sabido captar la perspectiva del edificio, que se nos ofrece desde una esquina, permitiéndonos contemplar sus dos fachadas y apreciar la presencia y el volumen del conjunto.
Pero no se ha limitado a dibujar paredes, ventanas y balcones. Ha querido dar vida a la escena con el verde y los amarillos de las catalpas, vestidas ya con los tonos del otoño, y con las macetas floridas que aportan una nota de color y frescura.
Y ahí están también esos bancos que parecen invitarnos a detenernos un momento, sentarnos y disfrutar del lugar.
La luz acaricia la fachada, mientras las pinceladas, sueltas y delicadas, permiten que el propio papel participe en la composición. Esa es una de las virtudes de la acuarela: sugerir mucho sin necesidad de contarlo todo, dejar que el agua haga su trabajo y que el blanco del papel se convierta también en luz.
Y allí tenemos al visitante, contemplando cómo el agua, los pigmentos y la mano del artista consiguen transformar un edificio conocido en una pequeña escena llena de encanto.
Pero esta acuarela guarda, además, una anécdota que merece ser contada.
Resulta que un viandante permaneció esperando hasta que Paco estampó su firma en la obra. Y, en cuanto el artista dio por terminada su tarea, aquel hombre se acercó, puso en sus manos una buena cantidad de euros y se llevó la acuarela.
¡Así, sin más!
Ni esperó a que los técnicos encargados de valorar las obras del concurso emitieran su veredicto ni quiso saber qué premio podría corresponderle. Había visto la pintura, le había gustado y decidió llevársela.
No todos los días se encuentra uno con semejante admirador. Y no deja de ser una satisfacción para quien pinta comprobar que su obra despierta tanto interés que alguien está dispuesto a adquirirla nada más verla terminada.
Una historia que Paco podrá contar, sin duda, como una de esas pequeñas sorpresas que hacen todavía más gratificante el oficio de pintar.
CAUDETE Y SUS ACUARELISTAS
La VIII Bienal nos invita a mirar con otros ojos, a descubrir que detrás de cada acuarela hay una manera de sentir, de observar y de compartir la belleza.
Por eso, si todavía no has visitado las exposiciones, acércate al claustro del convento de San José, el Carmen, y al museo Rafael Requena.
Allí te esperan obras que nos acercan a diferentes maneras de interpretar el mundo y que nos recuerdan que la pintura no solo reproduce lo que vemos: también nos enseña a disfrutarlo.
Y entre pinceles, agua y pigmentos, Paco «el Rubio» sigue haciendo honor a esa tradición acuarelística de Caudete que tanto debemos a nuestro inolvidable Rafael Requena.
Pero hoy, además, hemos descubierto algo que va más allá de su destreza artística: la generosidad de quien pone su talento al servicio de los demás.
Porque los pueblos se engrandecen cuando saben reconocer a sus artistas; a quienes, sin necesidad de grandes alharacas, trabajan, crean y comparten lo que saben hacer.
Y si, además de regalarnos belleza, son capaces de convertirla en solidaridad, mucho más merecen nuestro reconocimiento.
¡Un saludo, Paco!
Que no te falten nunca el agua, los colores y la ilusión para seguir regalándonos tu particular manera de mirar nuestro entorno.
Y que esos pinceles tuyos continúen pintando paisajes, despertando admiración y tendiendo una mano a quienes más lo necesitan.
Porque, al fin y al cabo, querido Paco, hay obras que se cuelgan en una pared y otras que, además, llegan al corazón.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
20.10.2026. Martes. (C. 2.691).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.

El Padre Alfonso escribe muy bien y me regala mucha distinción, no merezco tantos honores, pero es él quién me los adjudica, y por ello le devuelvo mi agradecimiento.
ResponderEliminarPaco ""el Rubio ",es como lo ha descrito ,estoy de acuerdo.Es único.Un saludo
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