domingo, 1 de noviembre de 2026

El toro (Haraka)

ESTAMPA CAUDETANA.

EL TORO (HARAKA).

Se había quedado triste ayer, en la oscura cámara de mi telefonillo, la segunda obra del acuarelista que había venido seleccionado junto a otros pintores australianos. Me refiero a Sahan Kulathunge.

Cuando saqué de aquella cámara para presentarte su Waterfall, dejé allí, sumidica en la oscuridad, otra obra que encerraba en sí la imponente figura de un toro negro.

Posiblemente, el artista, queriendo congraciarse con los caudetanos, al fin y al cabo todos españoles, decidió enviarnos a ese animal, encerradico en el marco de una obra pintada a la acuarela, que en España es tan estimado y celebrado por su fuerza y por ese enfrentamiento con el ser humano que protagoniza en el coso de la plaza de toros.

Aunque yo soy del parecer de que la intención del autor, natural de Sri Lanka, no ha sido otra que llamar nuestra atención sobre algo bien distinto: que el toro, más que para la diversión y el enfrentamiento, ha sido siempre un colaborador imprescindible del ser humano en el desarrollo de su existencia.

A ellos no se les ocurriría hacer con el toro lo que se lleva a efecto en España en la llamada Fiesta Nacional, que son las corridas de toros y en algunos pueblos del Levante español: 

el bou embolat - el toro embolado -. (*)

Ellos, los ceilandeses de Sri Lanka, por el contrario, adornan sus cuernos con flores durante las fiestas de la cosecha.

El artista, ya te lo decía ayer, es natural de una ciudad del interior llamada Badulla. Una ciudad cuya vida está muy vinculada al cultivo del té. Y allí creció, desde su infancia, contemplando cómo aquel noble animal era empleado para transportar las cosechas, tirando de las carretas.

De ahí que el toro o buey tenga en Sri Lanka un papel muy distinto al que tradicionalmente le hemos asignado en España. Allí se le aprecia por su contribución al trabajo y a la vida de las gentes, no por la tauromaquia.

Durante siglos, HARAKA —el toro— ha estado en la base de la agricultura y de la economía. Ha venido a ser algo así como uno de nuestros tractores. Es el animal que trabaja en los arrozales, transporta el té en Badulla y en otros lugares, y tira de las carretas. Sin él, muchas de las labores agrícolas habrían resultado enormemente difíciles de llevar adelante.

Allí, para elogiar a una persona trabajadora, se utiliza una expresión muy significativa:

«Trabaja como un toro».

Y ahora, después de haberte contado todo esto, vuelvo a la acuarela.

Viéndola en la fotografía, tienes el toro delante, mirándote directamente. Pero cuando yo lo contemplé en el claustro conventual, desde cierta distancia, no pude por menos que exclamar:

¡Se ha lucido el artista! ¡Mira que emborronar todo el cuadro con pintura negra!

Porque eso fue lo que me pareció: una gran mancha negra que ocupaba prácticamente toda la superficie.

Pero, cuando me acerqué a la obra, fue cuando descubrí nítidamente los cuernos, el hocico y los ojos de un toro que me miraban sin mirar.

Estaba allí, en el centro de un gran paspartú negro que me obligaba a dirigir la mirada hacia aquella figura. Una figura que, paradójicamente, ocupaba todo el cuadro y, sin embargo, parecía surgir de la nada.

A este efecto, muy utilizado por los pintores orientales, particularmente por los japoneses, se le conoce como:

«EL ESPACIO QUE HABLA».

Y vaya si hablaba aquel toro negro desde el silencio de su gran mancha oscura a metro y medio de distancia.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

1.11.2026. Domingo. (C. 2.703).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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