domingo, 28 de enero de 2018

ESTAMPA CAUDETANA. La Vidriera de Sta. Catalina



ESTAMPA CAUDETANA.
«LA VIDRIERA» DEL CAMARÍN DE SANTA CATALINA.


Ayer por la mañana estuve por primera vez en el CAMARÍN DE SANTA CATALINA.

Había habido dos funerales de córpore insepulto. A mí me tocó presidir el de las doce del mediodía para despedir a María Gracia. Era el segundo. Cuando entregué los despojos a sus hijos para que los llevaran al lugar del descanso practicando con ellos una última obra, en este caso, de misericordia. Silenciado el bullicio de las susurrantes palabras con las que se daba el pésame. En marcha el furgón fúnebre con el féretro de la difunta enfilando el camino del cementerio, Juan, el sacristán, me franqueó la puerta del CAMARÍN, tras subir la empinada escalera que da acceso al mismo.

Hoy amaneció frío y ventoso, pero claro, diáfano. El aire había barrido hasta el último vestigio de nube alguna. A aquella hora, el sol caminaba cuesta abajo hacia el centro mismo de la tarde y daba de lleno en el cristal a través de cual entraba, con vigor, adueñándose del ámbito donde reina, en su pedestal contemplando toda la bancada de la iglesia y, a su vez, dejándose ver por toda la feligresía, la imagen de SANTA CATALINA, VIRGEN Y MÁRTIR, titular de la parroquia.

- Se me vino el alma a los pies. Los rayos del sol no encontraban oposición alguna en amplios espacios en los que la pintura había desaparecido.
Si viera hoy su obra PEDRO TORRES  COTARELO también se le hubiera escurrido el alma, como a mí, a los pies.

En 1957, leo en Wikipedia, que lleva a cabo la pintura de una de las vidrieras. Corrijo que es la del CAMARÍN, la que tengo delante de mí, pues no hay otra.

Comentamos, Juan y yo, el lamentable estado en que se encuentra. Se desprende y cae la pintura aquí y allí sobre el suelo de loza.
La enciclopedia de la red habla de vidriera. Pues no, es solamente un vidrio, un cristal, ni siquiera grueso, al que TORRES COTARELO vistió de color haciendo resaltar los símbolos de la SANTA VIRGEN Y  MÁRTIR.

Me dice Juan que el pintor empleó la técnica de la yema de huevo consistente en mezclar los colores en ese producto gallináceo con el fin de que hiciera, a la vez, de soporte de la pintura y de pegamento para que quedara adherida al liso cristal. Y así ha estado por espacio de medio siglo largo. Pero no hay material que, expuesto al aire, aguante mucho tiempo y la yema de huevo ya no aguanta ni siquiera el imperceptible peso de unas pinceladas de color.

Desde la calle daba el pego porque PEDRO TORRES COTARELO había pensado en todo antes de afrontar el trabajo. Digo que daba el pego porque toda la simbología queda enmarcada por unas líneas que semejaban, a las mil maravillas, el emplomado de una vidriera.

A pesar de la dureza con que ha maltratado el tiempo la obra del pintor, todavía se aprecian, a pesar de su lamentable estado, los símbolos de la joven CATALINA. A la derecha de «la vidriera» LA PALMA que es símbolo del MARTIRIO y a la izquierda, la AZUCENA  que lo es de su VIRGINIDAD Y PUREZA. Y. coronando la obra,  el anagrama de Jesús «J H S» y en la parte de abajo el de María Reina con la corona y la luna por pedestal.

Por aquel espacio limpio de pintura sale volando a tu encuentro mi saludo, mis

               ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
28.1.2018 Domingo P. Alfonso Herrera. O. Carmelitana

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