martes, 6 de febrero de 2018

ESTAMPA ALMANSEÑA. El Castillo



ESTAMPA ALMANSEÑA.
El CASTILLO.


Hoy salí de casa, del CONVENTO DE SAN JOSÉ, a la hora adecuada para tomar el testigo de los doctores, treinta kilómetros después. Con un sincronismo digno de los japoneses, ya tenía yo puesta la bata blanca, blanca como la nieve que está poniendo muy guapa a España, menos en esta zona, y la placa identificadora, «CAPELLÁN», colgando del bolsillo alto de la misma.
Tras dar la comunión a Sor Camino, seguía pasillo adelante buscando a unos paisanos de Caudete y, al llegar al pasillo de ascensores... allá a lo lejos, le vi. «El hombre araña», el limpiador de cristales que cuelga de las terrazas, es esperado hace bastante tiempo en este lado del hospital. El castillo de ALMANSA se veía a través de las chorreras dejadas por la últimas lluvias cargadas de polvillo del desierto, pegadas al cristal. Sí, a lo lejos le veo. Está sombrío, triste. Se ha cubierto con crespones acordes a su estado de ánimo. Un cielo a ratos plomizo, a ratos con tonos oscuros (los del AEMET decían que hoy iba a nevar con ganas, pues ni un solo copo tuvo a bien caer por la zona) restaban esbeltez y prestancia al castillo.
Da la sensación de que no le gusta nada al Castillo que le anden por los adentros. No, no parece que le alegre la presencia de ese artilugio que le han colocado a su vera y que, encima, se permite el lujo de moverse por encima de sus torres y almenas y almudes. No, decididamente, no le cae nada bien que, desde lo alto de ese monstruo, se cuelen en sus entrañas. Pobre. Como ya ni siente ni padece, porque el correr de los tiempos le ha sumido en un sopor de siglos, no es consciente de su secular deterioro, no cae en la cuenta de que lo que están haciendo con él es algo de todo punto necesario, pertinente, y, además, le van a volver a poner en marcha, van a hacer que vuelva por sus fueros, no tanto para utilizarle como salvamento de las gentes del pueblo de ALMANSA ante posibles racias de los moros, como antaño, cuanto,  para favorecerles culturalmente, porque «la vida progresa que es una barbaridad», canta la Zarzuela.
Me han dicho que están adaptándole, a las exigencias de los nuevos tiempos con el fin de que las estancias del viejo castillo, donde vivía el señor de la plaza, y parte del patio del castillo, se conviertan hoy en salas donde la plebe pueda acceder a conocimientos impensados en aquellas épocas que vieron alzarse la fortaleza encima de la roca. De modo y manera que se unan los tiempos aquellos con estos, con el mismo fin  y salven a la vecindad de situaciones conflictivas. Entonces del yugo moro y hoy del yugo de la ignorancia. Porque, has de saber, y por ello te lo doy a conocer, que las salas que se levanten al abrigo de torres y almudes con almenas, van a servir para dotar a las nuevas generaciones con las armas adecuadas a las necesidades del momento. Dos planteamientos diferentes en su ejecución, distantes en el tiempo, pero coincidentes en un mismo fin, darle posibilidades a los pobladores del lugar.

Hoy, por ayer, me tocó ejercer de capellán en el Hospital de Almansa, frente por frente del castillo viejo que nos habla de otros tiempos, de otras gestas.

Totalmente despierto te va mi saludo, mis

                ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
6.2.2018 Martes P. Alfonso Herrera. O. Carmelitana

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