martes, 20 de febrero de 2018

ESTAMPA ALMANSEÑA. Postal desde la Ventana



ESTAMPA ALMANSEÑA
POSTAL DESDE LA VENTANA DEL DESPACHO DEL HOSPITAL.


Hoy me tocó presencia en el hospital de Almansa.

El día era diáfano. Solo la pequeña loma de ahí enfrente que parece puesta al otro lado del ventanal, rompe una llanura monótona por la que trazara, unos siglos atrás Don Quijote con su inseparable compañero Rocinante y su fiel Sancho con su Rucio, caminos nuevos «buscando entuertos para desfacerlos» y parando, de tarde en tarde, en ventas solitarias, para recostar sus huesos sobre colchón de pajizos que incubaron rubias mazorcas, esperando la llegada del sueño que, inmisericorde, no venía a liberar hazañas de los pliegues del cerebro calenturiento del Ingenioso Idalgo, porque no podía entrar en una cabeza, en un maltrecho cuerpo, en el que solo había espacio para su señora, para Dulcinea, la del Toboso.

La loma es la única que hoy se la juega al sol y se pone por montera unas nubes para defenderse de él. Pareciera que daba razón de ser al refrán de vigente actualidad:«En  febrero busca la sombra el perro más a lo último que a lo primero» y es que, claro, estamos a finales de febrero.
Pues sí, desde el despacho del capellán se ve, se contempla, la nitidez que pone la luz de un sol, recién levantado y lavado, en el amplio lontananza que se extiende más allá del cristal de la ventana.

Entre el suave promontorio, que más parece un furúnculo que le haya salido a la planicie, y el hospital, discurre la autovía que va a Alicante y Valencia pues a nueve kilómetros más abajo se puede uno desviar para la capital del Turia, o, si se hace en sentido contrario, a Albacete y Madrid.
La autovía está tranquila. Raramente aparece un camión. Si no fuera por algún coche pequeño que cruza raudo de lado a lado de la ventana,  nadie diría que la planicie de enfrente está tatuada por una carretera.

- Desde la habitación de Juan, al que he pasado a saludar, (Juan fue toda su vida laboral, albañil. Hace poco que colgó la piqueta y la llana y ahora pasa un tiempo en el hospital para que que los especialistas en los campos de la medicina, le recompongan  la máquina porque... y que, algún cable, se le ha oxidado). Estando con él en la segunda planta vi cómo el ave, «en vuelo vertiginoso y rasante» trazaba una raya recta,  blanca, como si fuera un navajazo, sobre el lomo de la loma que se erguía un poco más allá de la autopista de Levante. El ave siempre tiene prisa y en un pis pas sentirá la brisa, cargada de humedad, que le va a dar la bienvenida al llegar a su destino en Alicante.
Concluida la labor a las catorce treinta, dejé el centro hospitalario hasta mañana, si Dios quiere, pues me toca volver otra vez y, otra, ya que me tocan tres días cada  mes.

Sin apósito en descalabradura alguna, marcha todo entero para ti, mi saludo, mis

          ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
20.2.2018 Martes. P. Alfonso Herrera. O. C.

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