sábado, 10 de marzo de 2018

ESTAMPA CONVENTUAL. El Melocotonero



ESTAMPA CONVENTUAL.
EN EL CORRALÓN SE ESTÁ PONIENDO GUAPO EL MELOCOTONERO
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No se ha marchado del todo el invierno y ya está el melocotonero del corralón del CONVENTO de SAN JOSÉ vistiéndose las mejores galas para asistir a la gran fiesta de la primavera. Desde hace algún tiempo venían apuntando las yemas y estaban engordando los capullitos. Hacía algunos días que no había vuelto, desde que planté once esquejes de distintos rosales que me había suministrado Sor Margarita de Ricote (Murcia). Ayer por la tarde bajé y cuál no fue mi sorpresa, tornada en alegría, al descubrir que, el viejo melocotonero, cansado de viajar de estación en estación, de mudar traje con la llegada de cada una de ellas, de vivir tantos inviernos, tantas primaveras, tantos veranos y tantos otoños... sacudiéndose  la desidia y el apoltronamiento de un invierno que no ha sido duro esta vez, se ha desperezado y, con nuevos bríos, ha vuelto por sus fueros, ha vuelto a empezar, a revivir, a florecer. Y lo gritaba ayer tarde a pleno pulmón. Ahí tienes la prueba.  Esa flor es suya y por todas y cada una de sus ramas pobladas de  capullitos llamados a florecer y a cuajar en fruto. Sí, el melocotonero del corralón del CONVENTO de SAN JOSÉ está reventando en flor,  y, con la llegada del estío, terminando  junio, lo hará, reventará en fruto si la indina de la borrasca con nombre de varón, Félix, que está llegando a la península con muy malas intenciones, como hiciera su hermana Emma estos días de atrás, no echa a abajo las flores y al mismo árbol, porque, nos dice Mónica López, la chica espigada que nos aventura el tiempo desde el cristal de la tv., la tal Félix trae consigo, desde la coronilla del mundo, desde el Polo Norte, unos vientos que barrerán toda la península y, siendo, como lo es, viejecito, viejecito...los ventarrones que trae consigo Félix pudieran dar con él, con el viejo melocotonero del corralón del CONVENTO, en el suelo. Sería una verdadera pena porque, en tiempo hábil, le limpié bien, le quité la hojarasca, las puntas secas y, todas aquellas ramas que se dejaban caer hacia el suelo en lugar de alzarse hacia el cielo desde donde las llamaba para presentárselas al sol. La desenmarañé para que el aire no tuviera trabas, ni el sol impedimento alguno que le obstaculizara el acercar

se a cada yema, a cada hoja, a cada flor, a cada melocotón, para darles luz y calor y con ellos, color, vida.

 Con la flor de nuestro melocotonero, prendida en él, te llega hoy mi saludo, mis

          ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
10.3.2018 Sábado. P. Alfonso Herrera. O. C.

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