lunes, 23 de abril de 2018

Las Joyas del Pueblo



ESTAMPA CAUDETANA.
LAS JOYAS DEL PUEBLO.


A las 12 del mediodía era prácticamente imposible acceder a la sacristía de la parroquia Santa Catalina. Una gran multitud de fieles abarrotaba la Iglesia. La parroquia y el pueblo estaban de fiesta porque se confirmaban en este día 46 jóvenes. Tuve que meterme por el pasadizo que va desde la Capilla de la Comunión hasta la antesacristía. Delante del presbiterio estaban dispuestas 46 sillas esperando ser ocupadas por las «joyas del pueblo». El obispo, Don Ciriaco, llego con unos minutos de retraso. Venía, el hombre, de oficiar, en otro lugar, otro acto litúrgico. Ya había pasado un cuarto de hora  del mediodía cuándo la comitiva partió de la sacristía. La abría la con el incensario y las velas encendidas, detrás el diácono, José Lozano, portando en sus manos el libro de la Sagrada Escritura, dando paso a los sacerdotes concelebrantes y al mismo Sr. Obispo. Fuera, en la calle del Santísimo Sacramento, esperaban los 46 muchachos que iban a ser presentados por el párroco del lugar, Rvdo. P. Luis Torres Pérez, al señor obispo para que les confiriese el sacramento de la confirmación. Cuando todos ocupaban el sitio asignado, una catequista introdujo el acto litúrgico. Eran las 12:20 horas cuando el señor obispo invocaba a la Santísima Trinidad: « En el nombre del Padre, del Hijo y del Santo» dando comienzo, así, la liturgia eucarística dentro de la cual se iba a lleva a efecto la realización del sacramento de la Confirmación y, con él, la Unción con el Santo Crisma y, en ella, y la entrega del Espíritu Santo.
Los jóvenes, las 46 «joyas del pueblo»',  líndamente pulidas por  estupendos orfebres: sus padres, sus profesores, sus catequistas y la interrelación con la gente de su edad, estaban formando una; « semicorona en torno del altar. A la llamada que les hacía el diácono se ponían en pie uno tras otro y con voz firme contestaban ¡PRESENTE!
Escuchadas las lecturas, antes de que el Sr Obispo pronunciara la homilía, dos de los confirmandos, dieron lectura a un manifiesto por medio del cual se comprometían a aceptar el mensaje de Jesús a vivirle y a llevarle al ámbito de su influencia.
En medio del silencio que siguió al compromiso de los jóvenes, comenzó a oírse la palabra el Señor Obispo que caía suavemente, como cae la lluvia fina sobre el labrantío en un día sin aire, sobre toda la asamblea, aunque se dirigía más concretamente a los 46 confirmandos. Y lo hizo pausadamente durante unos 20  minutos. Sí, su palabra caía sobre los jóvenes como caen los pétalos de rosas sobre el palio que da techo al Santísimo en procesión por las calles del lugar. Les decía el Obispo que les aceptaba la palabra que habían dado en el manifiesto, su compromiso, y les recordaba que ello implicaba responsabilidad, ser consecuente con la palabra dada, de la que toda la asamblea era testigo. Luego fue hablándoles acerca de Cristo, el Buen Pastor, del que hablaba hoy el evangelio, que conoce a sus ovejas y éstas le conocen a Él, les recordaba que Cristo se entregaba totalmente por sus ovejas y les dijo que todos son pastores de algún modo, lo es él como Obispo, lo son los sacerdotes del pueblo, lo son los padres, los profesores y hasta el hermano mayor lo es del pequeño. Al hilo de ello les habló de un pastor abulense, Esteban, manco, que, al tratar de salvar a unos corderos que estaban ramoneando las hierbecillas que crecían  entre las vías del ferrocarril, llegó un tren y lo destrozó muriendo en el acto. Aquel pastorcillo, que lo había sido toda la vida, MURIÓ POR SUS OVEJAS. Les habló, por ser «la jornada mundial de oración por las vocaciones al sacerdocio y de las vocaciones nativas», de la llamada de Dios a la que hay que escuchar, discernir y vivir, según nos pide el papa Francisco en su mensaje para este año.  Terminó su discurso solicitando a los jóvenes que se hicieran presentes en la parroquia, que fueran agentes activos. Que le gustaría constatarlo en próximas visitas.
El párroco proclamó delante de la Asamblea y del Señor Obispo la idoneidad de los 46 jóvenes para que les fuera conferido el sacramento de la confirmación.
Acto seguido comenzó el rito. La primera en  ser ungida con el Santo Crisma, en recibir el Sacramento de la Confirmación, tenía el mismo nombre que aquella otra mujer, la del Paraíso Terrenal, la madre de todos los vivientes. Se llamaba EVA.
Tras 20' continuó la Eucaristía. La afluencia a comulgar fue tal, que no sé si hubo suficientes formas para todos.
Tras las fotografías de rigor, nos reunimos en torno a 800 personas en las salas de Los Mirenos para compartir una comida de picoteo. Pero, antes acompañé Sr Obispo a hacer una visita a las Madres Carmelitas de Clausura. Se pusieron contentísimas y nos ofrecieron comer con ellas en la huerta, una barbacoa que les había sido regalada por los familiares de una monja con motivo del bautizo de un sobrinillo.

El orujo de hierbas del lugar no es óbice para que salga, bien tieso, ha llegarse hasta ti, mi saludo, mis

          ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
23.4.2018 Lunes. P. Alfonso Herrera. O. C.


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