viernes, 18 de mayo de 2018

Los Niños en el Parque


ESTAMPA CAUDETANA.
LOS NIÑOS EN EL PARQUE.


Salí esta mañana a hacer unos asuntos y decidí seguir la recomendación de Charo, Charo es mi enfermera de Madrid, ¡anda media hora por la mañana y repite por la tarde! Enfilé por la carretera de Villena. La cuadrilla de jardineros del Ayuntamiento estaba centrada en poner chulos los parterres que jalonan esa carretera en el tramo que va desde el pueblo hasta el Santuario de la Virgen de Gracia. Yo me entretuve, echándoles una mano,  ayudándoles y me dediqué a extraer de entre las juntas del pretil y la primera baldosa de la acera, los plantones que asomaban mientras me decía interiormente: «para el convento todo vale» (copiándole a Pemán el dicho, que hizo decir al Séneca (Antonio Martelo), protagonista en aquella serie cómica costumbrista andaluza «SÉNECA» que tanto éxito tuvo y que se interrumpió bruscamente con la muerte del protagonista en accidente automovilístico, acaecida en 1970, porque José María Pemán dijo taxativamente que solo escribía el guión para aquel actor con el que se había compenetrado de tal manera que vinieron a ser como hermanos. ¡No escribiré el guión de SÉNECA para otro actor! Recuerdo que sentenció el escritor Pemán). Pues sí, me traje unos plantones de arbustos para ver si salían adelante.
Con ellos en la mano, envueltos en un pañuelico de papel, entré en el Santuario de la Virgen de Gracia para saludarla y saludar a Jesús, su Hijo y, mira por dónde, la pila del agua bendita vino a empapar el pañuelico y así llevar humedad a las raicillas de los miniplantones que había sacado de las rendijas de entre las baldosas del paseo.
Desde que dejé atrás el paso de peatones y enfilé  el Paseo de la Virgen todo cambió. Eran las11,20 horas de la mañana y todo el parque de la Virgen de Gracia era otro. Se había llenado de vida y no lo digo porque la primavera estuviera premiando el quehacer de la cuadrilla de jardineros, sino, porque un montón de niños pequeños se la estaban transmitiendo con sus correrías, con sus gritos, con los juegos que surgían espontáneamente sin que se hubieran programado de antemano. La profesora, una esbelta y joven mujer, morena, con larga melena, vigilaba, como vigila un Águila Real a sus polluelos en el primer vuelo al dejarse llevar por las corrientes de aire caliente que los levantan en vertical muy por encima de los picachos donde queda el nido en el que crecieron y del que acababan de saltar.
A una voz, que no era grito, se le acercaron todos y, muy seria pero con palabras envueltas en algodón les dijo: «el parque está lleno de barro ¿...? ¡tened cuidado!¡no os manchéis!» Salieron pitando todos en busca de los columpios sin oír el último aviso: «dentro de 10 minutos se termina el recreo y volvemos a la clase»
Al sol, ocultado, de cuando en cuando, por unos cúmulos limbos blancos como la nieve, diseminados por el cielo azul encima del parque, no muy altos, no se le echaba de menos en la mañana de ayer en el parque de la Virgen de Gracia, y ¿sabes por qué? pues porque, por todo él, correteaba una veintena de soles que habían salido del colegio cercano para hacer su recreo al aire libre entre rosales florecidos y geranios recién colocados, también florecidos, por los jardineros del Ayuntamiento.
Con la alegría pegadiza de tanto niño pasándoselo pipa en el parque de la Virgen de Gracia durante el recreo, se te acerca mi saludo, mis

          ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS,!!!!!!
18.5.2018 Viernes. P. Alfonso Herrera, O. Carm.

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