sábado, 19 de mayo de 2018

La Virgen de Gracia del Callejón de las Campanas


ESTAMPA CAUDETANA.
LA VIRGEN DE GRACIA DEL CALLEJÓN DE LAS CAMPANAS.

 Aquel dicho aceptado universalmente que asevera: «todos los caminos conducen a Roma» podemos aplicarlo, en pequeñito, a la Parroquia de Santa Catalina de Caudete. Todos los caminos pueden conducirte a la parroquia, claro que sí. Por ejemplo, ayer tarde me tocaba celebrar allí y para acercarme a ella podía haberlo hecho por el camino más corto, aquel que pasando por la calle Mayor o por la de Mercado te ponen en la Pza. de la Iglesia por los Arcos y  ya estás allí. Pero no lo hice. Salí del convento un poco antes y, calle Molino abajo, me llegué hasta la calle dedicada a aquel atleta, Antonio Amorós, que paseó el nombre del pueblo, con éxito, por las pistas de atletismo de Europa. El día amenazaba lluvia. El cielo estaba encapotado por unas nubes que no presagiaban nada bueno. De hecho, mucha gente iba provista de paraguas para no ser sorprendidos por un chubasco repentino. Yo no lo llevaba. Yo me aventuré y salí de casa a cuerpo gentil.
- Por la calle del atleta Antonio me dirigí hacia levante.  Al final de la recta, la calle no tiene ni una curva, me encontré en la glorieta de La Cruz donde me incorporé a la Avda. de la Virgen de Gracia y, dando la espalda al este, dirigí los pasos buscando la parroquia de Santa Catalina. Dejé atrás el paseo, lo mismo hice con la calle Dean Martínez y a una callecita que, por serlo, la llaman Estrecha porque casi, casi se saludan estrechando las manos los vecinos de uno y otro lado. Un tal Juan López da nombre a la calle por donde tomé hasta que se topa de frente, y termina, en el final de la calle Paracuellos de La Vega y, justo allí, doblando a la derecha, por El Callejón de las Campanas, me la encontré subida en el paño de una casa. Allí estaba pegado el azulejo con su efigie, con la efigie de la Virgen de Gracia, sobre un fondo azul cielo que nos habla de la verdad de la Inmaculada, iluminada cenitalmente por un farolico muy mono. La fachada donde la Virgen vigila el paso de sus hijos caudetanos, traza un ángulo recto con la fachada de la casa aledaña y en ella, un balcón  tupido de flores que más que balcón parece, porque lo es, un florero perenne para honrar a la Madre de Dios y Madre de todo caudetano. Las gentes de dos casas, sin duda alguna, devotos de la Madre del Cielo en su advocación de Gracia, se han puesto de acuerdo para agasajarla ¡Mírala! ¿A que está muy guapamente adornada? Ella se lo merece y así lo entienden los vecinos de dos casas aledañas que trazan ángulo recto, con sus fachadas, en El Callejón de Las Campanas.
- Desde allí, a unos pasos, se nos aparece la torre de la Parroquia de Santa Catalina.
- Había llegado. También por este camino, eso sí, más largo, llegué para celebrar la Eucaristía.
- ¡Ah! Tuve suerte porque de la nube negra que cubría toda la vertical de Caudete, no se desprendió ni una gota en todo el camino.
- Yo llegué, pero continuó camino, para encontrarse contigo, mi saludo, mis
          ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
19.5.2018 Sábado. P. Alfonso Herrera. O. C.

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