jueves, 9 de agosto de 2018

El Rebaño de Cabras

ESTAMPA FORÁNEA.
EL REBAÑO DE CABRAS.




Lo que ves ahí blanquito no es YIO, la pastorcica que por haber sido seducida y hecha, con artimañas nada honrosas de Zeus, su amante, tuvo que  convertirla, para salvar las apariencias delante de Hera (diosa del matrimonio), su mujer, y ocultar así su adulterio, en una  linda corderita blanca.  ¡Vaya con Zeus! más que dios tonante,  habría que decir que era un ¡TUNANTE!
No, no es YÍO, esa cosa blanca que aparece en la fotografía. No es la ovejita que Zeus, que muy a su pesar tuvo que regalar a su mujer Hera, que no acababa de creerse "el cuento" y por no creerlo la puso bajo la custodia del de los 100 ojos, los que tenía Argón. Pero Hermes,  hijo de Zeus y Hera, disfrazado de pastorcico trabó comunicación con el "cuidador"  de la borreguita blanca y, tras servirse del arte de la música,  dejó grogi al Argos de los 100 ojos y, en esas, aprovechó la ocasión para separarle la cabeza del tronco y, de un solo tajo, le cerró todos los ojos. Al ver Hera la faena que le hizo el hijo, otorgó a su esposo Zeus permiso para que volviera en su ser a YÍO y, éste,  acariciándola el lomo, dice el mito, que desaparecieron las bedijas de lana, los cuernecitos se esfumaron, contrajéronse los arcos superciliares, en lugar de sus pezuñitas aparecieron sus lindos piececicos, de bailarina más que de pastorcica, y aquella muchachita que cuidaba ganado y que era lo más bello que reflejara espejo alguno, volvió a ser ella, tras quedar en suspenso la orden divina.
No, eso que ves ahí en la foto no pretende dar el pego. No, no es una ovejita en medio de un rebaño de cabras. No te engañes, es solamente una cámara de vigilancia que controla esta zona del aparcamiento del hospital de Almansa desde lo alto de una columna de luz que, vaya, se encuentra en línea con el rebaño de cabras. Y el hombre que aparece a la derecha, ni es Argos, ni es Hermes y por supuesto, tampoco es Zeus. Es simplemente el pastor del rebaño de cabras, el cabrero.
Ver el rebaño de cabras cuidadas por el pastor y zambullirme en el mundo de los mitos fue una sola cosa.
Resulta que ayer, cuando salía de la planta tercera del hospital con intención de bajarme a la segunda para hacer el recorrido, allí estaban, más allá de las lindes del hospital, en un campo recién segado por uno de esos grandes monstruos que en un "santiamén" había dejado a ras, el trigal que se había salvado de "la quema" como la que aconteció en lugares cercanos, causada por una imponente granizada, este tiempo de atrás o la que ayer dañó mucho melocotón y viña en la zona de Jumilla.
Allí estaban las cabras, ajenas al tráfico que pasaba por la cercana Autovía de Levante, ramoneando lo que podían y limpiando los granos de trigo que se le escaparon de las grandes fauces, a la máquina segadora-trilladora.
- Traté de contarlas. Más de 200. Guapas las tiene el cabrero. El sol les sacaba brillo a las  pieles. Al ver las ubres, que cuelgan en muchas de ellas, deduzco que serán muchos los litros que habrán de convertirse en excelente queso con denominación de origen de Castilla La Mancha.
También deduzco que la ayuda que  da la Unión Europea, al sector, en este caso, está muy bien justificada porque no hay más que ver a los animales y ver cómo los trata el pastor y cómo le obedecen y ¡son cabras!.
Sí, me llamaron ayer la atención  cuando me disponía a bajar por las escaleras, a la planta segunda del hospital de Almansa.


Como no te sale de cacharrería donde estarían haciendo un gran descalabro las cabras, te llega indemne mi saludo, mis

          ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
9.8.2018. Jueves. P. Alfonso Herrera, O. C.

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