martes, 21 de agosto de 2018

La Flor del Equinopsis


ESTAMPA CONVENTUAL.
LA FLOR DEL EQUINOPSIS DEL CORRALÓN.


No, no estaba al alcance del pico de las gallinas. Por eso se me escapó volando porque, desde donde se encuentra encaramada, no tiene más que dar un saltico y ¡Ya! ¡en el aire!, mientras hacía burla a las emplumadas que la miraban desde el bajo corralón convertido en un secarral, con unas ganas, no disimuladas, de picotearla, la bella surca los cielos porque un ser como la flor del espinoso EQUINOPSIS es un milagro impoluto, sin mancha, del cielo. Y tan efímero, tan efímero... que si te descuidas te deja "a dos velas". Ayer mañana volvía yo pronto de celebrar la Eucaristía con las Madres Carmelitas de Clausura del Monasterio del Sagrado Corazón de aquí de Caudete y allí, en todo lo alto, en el alfeizar de la ventana de la biblioteca del CONVENTO DE SAN JOSÉ se estaba poniendo guapa, se estaba abriendo de par en par para recibir, no a mí, que no me esperaba, sino al majete que se estaba anunciando con una gran profusión de luminiscencia que lo llenaba todo y que le iba a poner a tono para que la naturaleza siga su curso porque los estambres estaban bien desarrollados y el gineceo a punto. Sí, en el corto espacio de unas horas que no sobrepasará del medio día, habrá tenido lugar el milagro de la vida.
Mientras tanto, a las gallinas les tocó el gordo. La tristeza de ver y no poder meterla el pico a la fresca hermosura de la flor de la Equinopsis no les duró mucho. A media mañana me visitó el nieto de Bienvenido, que era conocido como "El Molinero" (q.p.d.) y como Paquito el "Molinero" conoce la gente al nieto. Venían con él unas lechugas de esas que quedan en la tierra y no se llevan los trailers a los mercados de toda España y a Europa. Y, como conoce y se relaciona con todo el mundo, llenó su furgoneta de esas lechugas que, me dice, no llegarán al molino porque la gente, que lo sabe, siempre le grita cuando pasa:
 "Paquito ¿Llevas alguna lechuga?"
 Pues bien, Paquito el Molinero no vino solo, con él vinieron dos lechugas hermosotas (también trajo otra cosa porque como "para el convento todo vale...) y con mucho follaje. Así que liberadas de las hojas verdes llenas de sol que, llevadas éstas al corralón, constituyeron un inesperado placer para las gallinas que dieron buena cuenta de ellas "en menos que canta un gallo"

Feliz y contento por asistir a tan grandioso milagro, se me escapa para salir a tu encuentro, mi saludo, mis

          ¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
21.8.2018. Martes. P. Alfonso Herrera, O. C.

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