EL PROTECTOR DE YEMAS.
Ayer te mostré el arte que se da mi vecino de enfrente, Pascualico, para tomar la defensa del vergel que tiene instalado en el balconcico. Te mostraba plásticamente cómo lleva a efecto, con ahínco, el cuidado de sus plantas: geranios, pelargonios y gitanillas, ante la pérfida amenaza con que viene a instalarse entre nosotros el frío que arrastra consigo el invierno.
Pues, bien, quien se cuida de los árboles y plantas que medran en el corralón del convento de San José (El Carmen) ha hecho lo propio con una de ellas, con una higuera.
La higuera, en cuestión, fue un regalo que hizo al convento hace tres años, Rita, una religiosa perteneciente a la Institución religiosa de LAS HERMANAS DE LA VIRGEN MARÍA DEL MONTE CARMELO, hermana de las que acompañan y atienden a nuestros mayores en la Residencia de Mayores, pero que tiene su residencia en Madrid. Fue con ocasión de la visita que giraron, ella y otra hermana, a la Comunidad de hermanas de esta Villa.
El plantón de higuera no levantaba, ni siquiera, un palmo. La acondicioné en un tiesto grande con muy buena tierra. Y, muy agradecida, fue poniéndose guapa, guapa y al llegar la primavera pasada la transpanté a un gran alcorque que cavé en el Corralón. Con el paso del tiempo ella medró y medró casi dos metros.
Como no había adquido la experiencia que se adquiere en el nuevo lugar con el paso del invierno, sus yemicas no se fortalecieron en la lucha contra el frío y, más concretamente, contra las heladas que se dejan caer desde el cielo a lo largo de esta edtación fría.
Y, ahí la tienes esbelta, hermosa, llena de vida a pesar del castigo a que la está sometiendo el invierno. Y, en esa lucha a brazo partido que mantiene he venido yo a echarla una mano, una ayudica y la he colocado, a modo de cofia, un cubo de esos ligericos que se emplean en esta Villa para llevar, de un lado a otro, el chocolate calentito. Y, así, de esta manera, las sucesivas heladas que va dejando caer el cielo desde todo lo alto durante las noches frías del invierno sobre el corralón del convento, no dañarán sus tiernas yemitas que están llamadas a abrirse en vida con los primeros calorcicos de la primavera, milagro, siempre repetido, del que prometo darte noticias en su momento.
Espero que triunfe y crezca con soltura como así hizo una hermana suya que me traje yo desde mi bosquecillo madrileño aquel año (2017), en que, por obediencia, fui destinado a estos pagos caudetanos.
Recibe mi saludo, mis
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
16.1.2026. Viernes. (C. 2.447).
No hay comentarios:
Publicar un comentario