martes, 17 de marzo de 2026

"De casta le viene al galgo"

ESTAMPA CAUDETANA

"DE CASTA LE VIENE AL GALGO"

En el convento de San José tenemos una huerta colgante. Ha sido obra del siempre inquieto P. Ángel, conocido como el P. Ángel Nieto porque en sus tiempos jóvenes, aquellos en que reinaba por los circuitos del mundo un tal Ángel Nieto, el de los "doce títulos mundiales más uno" (era muy supersticioso el motorista), iba a "caballo" de una moto Vespino de un lado a otro de la Villa.

Venía chorreando gozo y alegría. Por cada poro un chorreón de hilaridad que lo salpicaba todo. Un gitanillo con zapatillas nuevas no le llegaría ni a la altura de la suela de sus zapatillas recién estrenadas. El P. Ángel era, mismamente, como un globo totalmente inflado expeliendo el aire a toda presión por los pinchazos causados por una serie de alfileretazos.

Era para verle. Estaba preso de una felicidad que me causaba asombro. Nunca lo había visto yo de ese talante. Todo en él manifestaba alegría y gozo.

En sus manos portaba una garrafa de esas que empleo yo para hacer abono, seccionada por la mitad y, dentro de ella, un trapo con el que envolvía una docena o más de esquejes que había seccionado de las higueras del corralón del convento de San José (el Carmen).

Han pasado ya quince días desde que lo vi plantando un esqueje en otra garrafa seccionada y llena de tierra.

—¿Qué haces? —le pregunté.

—Ya ves, he plantado un esqueje de higuera.

—No te va a prender.

Y le expliqué que para tener éxito tenía que poner los esquejes en un trapo que debía mantenerse húmedo y a una temperatura agradable y constante, procurando que el trapo estuviera siempre húmedo. Y le señalé los esquejes que podría utilizar.

No volvimos a hablar del tema y, mira por dónde, se presenta hoy delante de mí, mientras me encontraba desayunando, con una garrafa y un montón de esquejes de higuera, algunos de ellos moviendo ya, con hojitas y brevas.

No me dijo nada, solo me presentó su plantel reventando, él también, pero de alegría.

—¿Ves? ¡Lo conseguiste! —le dije.

Si hubiera sido un mono lo hubiera dejado todo como un títere sin cabeza, no habría dejado nada en su sitio. Pero, no. Él no es un mono y ahí lo tenía delante, orgulloso de su obra conseguida.

—Claro —me dijo—, es que mi padre fue labrador (él me lo decía en valenciano rancio, el que se habla en su pueblo de Bocairente) y, claro: "de casta le viene al galgo".

—Claro, claro —le seguí la corriente, porque sé que cuando está realizando algo siempre echa la vista atrás y recuerda a su padre. Por eso me dijo:

—Es que mi padre era labrador...

En otras ocasiones me dice: es que mi padre era médico, era carpintero, era lampista..., siempre perito en lo que estuviera haciendo en ese momento.

Con el éxito logrado con sus esquejes de higueras la cosa se complica un tanto porque ¿a ver dónde se plantan?, porque el corralón ya está muy saturado y, además, el Prior ya viene diciendo que son muchas las higueras que crecen y, muy agradecidas, nos obsequian año tras año con sus ricas y dulces flores. Porque has de saber que los higos no son propiamente frutos, sino flores, según dicen los que de esto saben un montón.

Pero, sea lo que fuere, el gozo y la alegría del P. Ángel ya no se la quita nadie. Ya nos informará acerca de lo que hace con su plantel prendido, sacado adelante.

Pero, de momento, abrigamos la esperanza de que se cumpla aquel refrán que dice: "no hay mal (el seccionamiento de tanto esqueje) que, para bien (buena producción de higos), no venga".

Y es que cuando se aprenden cosas de un Padre, ya no se olvidan nunca.

Recibe mi saludo, 
                   
 ¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

17.3.2026. Martes. (C. 2.499).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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