LLENITA HASTA EL BORDE.
Hace tres días te daba a conocer que a la tacita de la fuente del claustro barroco-toscano de nuestro convento de San José (el Carmen) le faltaban cuatro deditos para llenarse del todo y te decía que, al llegar a llenarla totalmente, sabríamos que sobre el claustro habrían caído 40 litros por metro cuadrado. Pues bien, hoy puedo decirte que ya alcanzó el agua los bordes e incluso hasta dejó caer en la pileta el agua que no encontraba espacio para acomodarse y lo hacía en hilos de gotitas que, al llegar al suelo, pareciera que explotaban convirtiéndose, a su vez, en gotitas que salían disparadas en todas direcciones.
Hoy luce guapa la fuente con su tacita llenica hasta los bordes. Contenta estará la gente del campo porque les ha caído del cielo más, mucho más que un hilo de agua y, ¡ojo!, totalmente gratis porque siempre es caro el líquido elemento pero el caído del cielo, ni te cuento lo agradecido que es porque no les cuesta ni un céntimo.
Nos han dicho los chicos que nos informan por la ventanica de la tele que vamos a disfrutar de un día luminoso porque la última borrasca ha recogido sus bártulos y ha emprendido el camino para encontrarse con la mar, desde donde se había levantado hasta los cielos donde fue formaron grandes depósitos de agua que conocemos con el nombre de nubes. Por lo que, cuando el sol, en su correr por los cielos, llegue a su cénit, va a poder contemplarse en la tersa superficie del agua que se encuentra a buen recaudo en la tacita de la fuente del claustro. Y si en su arduo corretear por los cielos se hubiera desmelenado…, podrá servirse de ella para acicalarse un tanto y, así, aparecer guapo y atractivo cuando participe en la gran fiesta de las estrellas así que comience la noche.
Cuando llueve así, hasta el alma descansa.
Recibe mi saludo, mis
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
13.3.2026. Viernes. (C. 2.495)
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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