ESTAMPA CAUDETANA.
EL ANTURIO BLANCO.
Con anterioridad ya te he hablado en alguna ocasión del anturio, conocido también con el nombre de flor de flamenco. Bien es verdad que lo hice mostrándote algún ejemplar rojo como la sangre de un toro de lidia herido de muerte por rejones, banderillas y espada.
Sus "flores" blancas y brillantes, con forma de corazón, son en realidad hojas modificadas llamadas espatas.
Como ocurre con sus parientes de color rojo vivo, desde el centro de cada espata surge un apéndice que va del verde al amarillo: el espádice, donde brotan las verdaderas flores.
En esta ocasión te presento un ejemplar que rinde pleitesía al Señor Sacramentado delante del Sagrario de la capilla de la Comunión de la parroquia de San Francisco.
Desde que se nos fue Feli, Asunción se ocupa del ornato, la limpieza y el cuidado de las plantas.
El anturio, sea del color que fuere, se caracteriza por la extraordinaria duración de sus espatas, tanto cuando permanecen unidas a la planta como cuando, ya cortadas, lucen en un florero con agua.
Para que se conserven durante mucho tiempo no hay más secreto que cambiarles el agua cada dos o tres días.
Esa es la razón, creo yo, por la que esta planta se utiliza con tanta frecuencia en arreglos florales, como el que Asunción ha preparado para Nuestro Señor Jesús Sacramentado.
Y allí, sobre el altar, delante del Sagrario, donde permanece Jesús esperándonos para dársenos o para que lo visitemos, el anturio luce de maravilla, ofreciéndose simbólicamente en holocausto a su Creador.
Es una imagen inspiradora que nos invita a acudir también nosotros ante Él, no para inmolarnos como el anturio, sino para propiciar encuentros con el Señor en momentos buscados de silencio y quietud, disfrutando en su presencia.
Eso mismo hicieron aquellos discípulos de Juan el Bautista cuando oyeron decir a su maestro, la voz que clama en el desierto: «Es Él; ¡seguidle!».
Y Andrés y Juan fueron detrás de Jesús. Aquella tarde pasada con el Mesías, con el Señor, constituyó un hito en sus vidas: un antes y un después (Jn 1,37-39).
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
1.7.2026. Miércoles. (C.2.597).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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