domingo, 11 de febrero de 2018

ESTAMPA CAUDETANA. El Desfile de Carnaval



ESTAMPA CAUDETANA.
EL DESFILE DE CARNAVAL.




Tenía pensado escribirte hoy del nuevo residente del CONVENTO pero lo dejo para otro momento porque ayer por la tarde...

A punto estaba de que las campanas de la torre de la iglesia del CONVENTO echaran al aire las18 horas cuando se le adelantó el ruido con el que un tambor y de otros instrumentos de percusión me sacaron de la apacible tranquilidad que envolvía toda la casa, TODO EL CONVENTO DE SAN JOSÉ. Por la calle de El Mercado que, en su último tramo, queda franqueada por la pared de la iglesia del CONVENTO, se acercaba el desfile del CARNAVAL. Bajé corriendo a la puerta de la calle cuando, el primero de los grupos, precedido por un vehículo de la policía municipal, trazaba un ángulo recto para enfilar la calle EL Molino, mi calle, y así llegarse a la parte baja del pueblo. Las aceras estaban repletas de gentes del lugar y por las ventanas y balcones muchas otras asomaban las cabezas. Eran de gentes mayores (ya hacía frío) que mostraban en sus ademanes los sentimientos más íntimos que, con toda seguridad, hacían afluir aquellas vivencias de su propia infancia. Creo que, en lugar de ver a esas criaturicas que desfilaban enfundadas en pieles de pega de distintos animalicos de esos que nos cuentan muchas cosas bonitas los del National Geographic, se veían a ellos mismos.

Es verdad. Nos lo recuerda el dicho:
«los extremos se tocan».

Sí, con toda seguridad, esas personas mayores que se ríen mientras mueven alegremente sus manos en el aire se están saludando a sí mismos porque se están viendo, son ellos, dentro de esos niños disfrazados que llenan mi calle de El Molino de una maravillosa algarabía.

El desfile de infanticos, remedando una sierpe de colores, me lanzó a mis tiempos de estudiante de tercero de bachiller en el Castillo de San Servando en Toledo que acabábamos de estrenar (septiembre de 1958). El profesor de Ciencias Naturales, que era un comandante de la vecina Academia Militar, nos enseñaba que los feos gusanos al llegar al final de su ciclo biológico se convertían en crisálidas y, tras una mutación acontecida en la oscuridad silenciosa de sí mismo dentro de un capullo, aparecía la maravilla de las maravillas, una mariposa que nos dejaba con la boca y ojos totalmente abiertos por la sorpresa. Eso me vino a la memoria cuando vi a las personas mayores (papás, abuelos, tíos...) disfrazados como los peques. Habían llevado a efecto una «mutación» para aparecer, emulando, a aquellas mariposas de mis estudios de tercero de bachiller en el Castillo de San Servando, recuperado para colegio, que llevaba y dirigía la Falange. El Ministro José Solís Ruiz lo inauguró en nombre de Franco. (Tiempo después, el primero de mayo de 1973, volvería a coincidir con él en la antesala del salón de audiencias de Franco en El Pardo porque, a él y a mi PADRE, entre otros, impuso FRANCO LA MEDALLA DE ORO AL MERITO EN EL TRABAJO).

¡Memoria histórica!

A eso que te cuento ha quedado reducido EL CARNAVAL en CAUDETE. Hace tiempo desfilaban las gentes
mayores tras los niñicos pero como aquellos mayores no supieron enmarcar LOS CARNAVALES en unos cauces tranquilos, lúdicos y saludables, me relata un informante, que, el Excelentísimo Ayuntamiento dejó de contratar y subvencionar un conjunto musical de moda para que amenizara el broche del desfile carnavalero.

Rendía su desfile EL CARNAVAL INFANTIL donde comenzara un par de horas antes, en la Plaza de la Iglesia. Y, yo, que presidía a esa hora la Eucaristía de la víspera del domingo, pedía a Dios, junto con los fieles que abarrotaban la parroquia de Santa Catalina, por lo más grande y precioso que tiene el pueblo, LOS  NIÑICOS que hoy eran los protagonistas.

Sin disfraz, a cara descubierta, marcha en tu busca mi saludo, mis

                ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
11.2.2018. Domingo. FIESTA DE NTRA. SRA. DE LOURDES. DÍA MUNDIAL DEL ENFERMO.
P. Alfonso Herrera. Orden Carmelitana

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