viernes, 2 de marzo de 2018

ESTAMPA CAUDETANA. El Pueblo a la Sombra



ESTAMPA CAUDETANA.
EL PUEBLO A LA SOMBRA


Era medio día. El reloj nos enseñaba las trece horas y dos minutos (12,00 horas y 2 minutos según el sol). El cielo y el sol corriendo por él, no se dejaban ver entre ellos y nosotros unas tupidas nubes «color panza de burra» que nos engañaban porque de nieve, nada de nada  ya que abajo, a ras de tierra, teníamos bastantes grados por encima de cero.  Enma, la fresca  borrasca que se había escapado de los alrededores del polo Norte, nos había dejado cierto tufillo (solo ocho litros de agua que había caído a lo largo de todo el día de ayer suavemente sobre todo el contorno. No, no llegó a inventarse regueros y, mucho menos, a llenar torrenteras, según nos muestra el pluviómetro del corralón del CONVENTO). Con Caudete no ha contado para nada no se ha portado con las ínfulas como lo ha hecho, nos cuenta la tv., a su paso por todo el norte y por todo el sur y hasta por las lejanas Canarias que no se libraron de ella a pesar de ir una ahora por detrás en eso de correr en el tiempo. Da la sensación de que, para ella, no teníamos importancia, no le merecíamos la atención. Y, claro, la gente del pueblo refunfuñando porque toda esa agua no es suficiente para llegar a reponer existencias en los aljibes naturales de por ahí abajo a los que estamos explotando sin piedad. No aprendemos. Nunca lo hacemos. No nos gusta escarmentar en cabeza ajena (grandes extensiones de los Apalaches de los USA son, en la actualidad, tierras desérticas donde rectan los crótalos haciendo sonar sus cascabeles advirtiendo del peligro a nadie, porque nadie quedó en aquellas tierras que vinieron a quedar, a ser hinóspitas por la sobreexprotación de los acuíferos de la zona para regar grandes plantaciones de maíz. Ni para películas del Oeste son aptas).

Una cosa buena trajo la Enma. Está a la vista, la limpieza del ambiente. Contempla el pueblo como yo le contemplé ayer, mediado el día, desde el camino que une la carretera de Villena con el Paseo de la Virgen de Gracia, Madre y patrona de todos los caudetanos, a la altura de La CRUZ, casi, casi, a la altura de las tapias de la SOCIEDAD COOPERATIVA FRIGOHORTOFRUTÍCOLA CAUDETANA. El sol no brillaba, ya lo ves, pero el que sí brilla es El pueblo, CAUDETE. El color de las nubes prestaba ese tono plateado a todo el pueblo en el que descuella, con nitidez única, el templo parroquial de Santa Catalina con su cúpula vidriada que, en días luminosos brilla cuando los rayos del sol pegan y rebotan en  ella y, siempre, protegiendo de humedades y lluvias. De influencia levantina, nos habla, desde todo lo alto del pueblo, de aquel lugar donde la iglesia toma la forma de cruz. Y su torre del siglo XVII, por cierto, coetánea de nuestro CONVENTO DE SAN JOSÉ.

Con poca luz, pero muy animado, sale pitando en tu busca mi saludo, mis

          ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
2.3.2018 Viernes. P. Alfonso Herrera. O.C.

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