ESTAMPA CAUDETANA.
¡ES LO QUE HAY!
"¡ES LO QUE HAY!" Te suele contestar la gente cuando la saludas:
-"Buenos días, aunque fresquitos!
-"¡Es lo que hay!"
Y es que, desde el norte, desde allá de por el polo norte, se están dejando caer por estas zonas, también por otras, buenas "mantas" de frío que nos van dejando ateridos y, consecuentemente, nos forramos con la piel de otros o, en otros casos, como es el mío, con esos acolchados, esas prendas llenitas de plumón, que suelen llegarme desde Madrid por correo postal. Pesan poco y otorgan gran beneficio en cada invierno.
Pero al rosal del jardín de uno de los chalet que se levantan a uno y otro lado de la Avda de la Virgen de Gracia, por lo que veo, no le mete miedo el frío. Ya hace algún tiempo que entraron en ese jardín quienes se ocupan de velar por las plantas, maestros jardineros que, provistos de afiladas tijeras, hicieron de las suyas en la rosaleda que se levanta al otro lado de la valla que separa la propiedad de la calle y en otros lugares del espacio ajardinado.
Cuando se fueron, tras haber llevado a cabo su concienzuda labor, pensarían que todo habría quedado a gusto del propietario. Y, no lo dudo. Pero quien no quedó contento fue el rosal. Al que le metieron la tijera inmisericordemente y ahí lo tienes, saliendo por sus fueros y, cuál no sería la fuerza con la que cuenta que ahí lo tienes, a la vista, levantándose sobre sus despojos, muy por encima de la valla de fábrica, como lo hace el periscopio de un submarino cuando el capital del sumergible quiere echar un vistazo sobre la superficie del mar sin que sea notada su presencia. Si bien, el capullo que enarbola el rosal, no se levanta para no ser visto, sino para todo lo contrario, para que todo el mundo lo vea crecer y ponerse guapo al reventar en una preciosidad de flor, tal y como ya había hecho, tomándole la delantera, una hermana que no tuvo a bien esperarle para merecer juntos y se le adelantó en el proceso y que, al día de hoy, anda de capa caída, la pobre.
"¡Quién dijo miedo!", pero ¿de qué tenéis miedo? me parece a mí que estará gritando el capullo de rosa, indolente, en su idioma, al tiempo que presume de su esbeltez, al ver pasar, bien tapadicos, impidiendo que la piel de los que caminan de un lado a otro, por la avenida, tengan tratos con el frío reinante.
Esta mañana el frío estaba quieto, no era llevado de un lugar a otro por aire alguno, al contrario de lo que ocurriera ayer. La vareta que mantiene el capullo no se cimbrea. Se encuentra a la espera de que un sol saleroso se decida y, con su luz y calor, le abra la puerta al capullo para salir a lucir sus mejores galas.
Recibe mi saludo, mis
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
23.1.2026. Viernes. (c.2.452).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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