Y... ESTAMOS EN INVIERNO.
Y el frío se deja caer desde el cielo para aposentarse, aprovechando la oscuridad de la noche, en el claustro del convento de San José (El Carmen).
Pero no vaya a creer que mete miedo a las plantas que lo habitan, bien es verdad que metidicas un poquico bajo techo para que el indino, que decía mi padre que gloria tenga, no haga de las suyas en las indefensas criaturitas ya que, como es sabido, las CACTACEAES o CACTUS, para andar por casa, son una especie de depósitos llenicos de agua. Y, claro, el frío, frío, el presumido frío, las congelaría si se descuida un poco el encargado de echarlas un ojo.
Pero, entre todas, tengo una, LA OREJA DE CERDO a la que los botánicos han bautizado con el nombre de COTYLEDON ORBICULATA, que no le tiene miedo al frío, es más, cuando aprieta, ella se aprieta las correas, los machos, dirían los toreros, y lanza al aire sus mejores galas, sus flores que, al ser de una forma campaniforme da la impresión de que cantan, como cantan las campanas, lanzando al aire, entonabdo, bellas melodías para sacar del pasmo friolero a sus amigas y compañeras, las CACTÁCEAES.
Desde luego, ¡Cuánta solidaridad existe entre las distintas especies y familias de plantas que vinieron a aposentarse y a medrar entre nosotros, en nuestro claustro conventual, el barroco-toscano, del convento de San José en esta Real Villa Caudetana!
Recibe mi saludo, mis
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
23.1.2026. Martes. (C. 2.444).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario